Tres amigos han conseguido salir a la calle. Se ha hecho tarde, como las tres, llevan desde las 11 con el DYC y ya están a punto de la estratosfera y el Tiempo Indeterminado. Están dispuestos a cerrar los bares y lo que haga falta. Las bromas se disuelven, los pies se cruzan como lianas, se empujan con algo como la risa, no pueden andar del todo bien. Van filipinos.
De repente de un portal en tinieblas sale tambaleándose como un mendigo, dándoles un susto bueno. No se le ve bien, pelo y la barba enmarañados como un todo, huele a plástico quemado y hace un ruido como de nieve de televisor.
Ellos no se dan cuenta y luego tampoco lo recordarán, pero en ese momento es lo único que escuchan.
Ellos no se dan cuenta y luego tampoco lo recordarán, pero en ese momento es lo único que escuchan.
El hombre parece que se va a caer como un borracho extremo y parece que pierde el equilibrio hacia delante y como que se agarra a uno y le pone la cara justo enfrente y se para mirándoles fijo con la boca abierta. Los chavales no saben qué hacer y de repente el mendigo grita hacia dentro con un ruido como gozne de madera sin engrasar o Ignatius Farray, esa Furia.
Todos se quedan aún más inmóviles lo que dura el grito, como ocho segundos y cuando acaba el mendigo aún se queda inmóvil un instante. Luego levanta la lengua y con un grácil movimiento de mago se la saca de la boca una moneda y la convierte en dos monedas, mientras alarga la otra mano hasta la oreja de uno de los chicos y saca una tercera moneda.
Los chicos con todo el lío tienen las bocas abiertas y el mendigo mete dentro las monedas y selecciona una canción de Nirvana.
Fin.
Los tres sabios 2.
Lápiz compuesto y acrílico.
Lápiz compuesto y acrílico.
